sábado, 27 de diciembre de 2025

Comodidad sospechosa

Chio gone wild!

No es buena idea mezclar una blusa strapless y alcohol.
No sé cuánto tiempo llevaba con la blusa abajo y yo platicando campantemente, sintiéndome demasiado cómoda… tan cómoda que hasta se sentía raro.
Y sí: la comodidad era porque mis chichis estaban al aire.
Me la subí inmediatamente y, oficialmente, solo mi esposo pudo verlas (espero…).
Eso sí: no me advirtió.
Solo vi esas miradas raras y mi cara automática de “aquí no pasó nada”.
Pero sí pasó. Pasó que no hay suficiente volumen para sostener esa blusa, y menos cuando decides no usar brasier.
¿Y cómo se podría terminar el año sin una aventura más de #SinSuerteChío, verdad?
Después de eso: blackout.
Borrachera.
Dignidad cuestionable.
Fin.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Yo no firme un contrato de felicidad perpetúa.

"¿Y dónde quedó ese botón que lleva a la felicidad? Luna de miel, rosa pastel, clichés y tonterías"

Platicaba con una de esas personas que acaban de egresar de la escuela, de esas que apuntan todo en una libretita para que nada se les olvide, porque todo lo quieren hacer muy bien. Luego me empiezo a aburrir de todo lo que me está diciendo… que está aprendiendo mucho, que le gusta muchísimo su trabajo, que a veces le toca quedarse trabajando hasta 10, 12… 40 horas extras diarias. Seguro jamás se ha planteado la pérdida de tiempo y energía que implica eso.
Lo peor es que me dice que disfruta sus días de oficina, la cultura de la empresa, los afterwork con los compañeros. No, no, no… lo peor es que ya hizo propia esa idea de “encuentra un trabajo que ames y nunca tendrás que trabajar en tu vida” (solo tendrás que vivir ahí).
Y es ahí cuando empiezo a visualizar su futuro.
Se va a casar, tendrá hijos, se va a comprar una casita a las afueras de la ciudad, en una zona “residencial”, con casa club. Algún fin de semana organizará una cena en su casa; irán sus amigos, que también tienen hijos y viven en estos fraccionamientos residenciales con casa club, quizá hasta vivan en el mismo lote.
Se va a sentir muy especial porque tiene el trabajo y la vida de sus sueños, esa vida en la que es inmensamente feliz. Y eso me provoca sentimientos encontrados: pena, una punzada de envidia… y unas ganas de meterle un chingazo.
También fui recién egresada. Y también vivo la vida “perfecta”: el residencial con alberca que nadie usa, un asador que se prende dos veces al año y una deuda a 20 años a la que le dicen “patrimonio”. Ah, y claro, la cena donde todos decimos “hay que vernos más seguido” sabiendo perfectamente que no va a pasar.
El trabajo y la vida perfecta no nos hacen felices: nos vuelven IN MA MA BLES.

martes, 2 de diciembre de 2025

Atrapados en Miguel Aleman

Todos los claxons estan diciendo ¡apúrale, muévete! Y sin embargo, todos estamos atrapados en el mismo lugar, todos con el mismo deseo de avanzar pero incapaces de hacerlo, porque nadie en su sano juicio puede pensar que de verdad su pitido sera el que cambie las cosas y consiga por fin avanzar y acabar con el tráfico. Ese pitido es el síntoma de que negamos nuestras limitaciones. Es un sonido de ira por el hecho de que quien pita no puedo obligar al mundo a que se mueva tan rápido como le gustaría. 

lunes, 1 de diciembre de 2025

Chio against the machine

“Fuck you! I won’t do what you tell me.
Madafakaaaaaaaaaaaa!”

Moría de hambre, así que fui feliz al ver la máquina expendedora. Luego un poco menos feliz cuando vi que tenía casi nada: como seis productos diferentes, pero entre lo rescatable unos Doritos. Ya tenía mis monedas y billetes listos… pero las monedas no las aceptaba y los billetes, a menos que estuvieran perfectos, tampoco. Me dejó con una sola opción.

Afortunadamente, pensé, la “moderna” máquina acepta tarjetas de credito, débito, Apple Pay, NFC, QR codi, criptomonedas, retina scan, hasta la pulsera del festival del año pasado con saldo olvidado, entre otros.
Y fracasé.
Peleé unos 5 minutos con ella.

“¿Cómo es posible si la chica antes de mí sí sacó su snack?”
Lo peor: la estúpida máquina me hablaba en voz alta, frente a todos.

“Intente otra vez. No se realizó el cobro.”
Repitió en cada intento.

A lado mío, unos viejitos batallando con un celular que no dejaba de sonar, sin saber cómo contestarlo. El ringtone de Telcel a todo volumen "la maravilla de esa boca..." una y otra vez, el Uber preguntándoles su ubicación y ellos los más perdidos… se entiende, son viejitos.
Pero ¿esta humillación para mí? Yo, tan joven, tan millennial. Tan supuestamente tecnológica.

Obvio pude ir al Oxxo, pero eso habría confirmado mi derrota y no quería la doble humillación. Con hambre pero muy digna!

Testify, vending machine. Testify.

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