martes, 27 de enero de 2026

Epica sobremesa

Vine a comer y estoy rodeada del tipo de personas que más detesto en el mundo: hombres medianamente importantes. Esos que se sientan con las piernas muy abiertas, que piden su orden sin mirar a los ojos al mesero, como si estuvieran interrumpiendo un asunto de gran relevancia.
Hombres con una seguridad en sí mismos gigantesca, que piensan que todo el vómito verbal que escupen merece ser escuchado y ovacionado. Escucho la conversación y saltan frases como: “es que para mí está claro: aporta o aparta”, “en el campo de batalla no te puedes parar a pensar”, “no debes mostrar miedo”…
No sé de dónde sale toda esa competitividad, eso de dividir al mundo entre ganadores y perdedores. Luego se ven a sí mismos como guerreros, tienen el poder de separarse y no ver al hombrecito que son y al hombre que creen ser. Son capaces de engañarse a sí mismos, pero lo peor es que consiguen que el sistema sostenga este engaño. Nadie nunca les contradice, nadie los calla. Nadie les dice que todas esas frasesillas baratas de autoayuda son una estupidez. Hasta dan ganas de preguntarles: ¿y ustedes qué son? ¿Gladiadores, vikingos, corsarios, conquistadores, hombres o payasos?

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