Más vale cholo que mal acompañado
Y el “malagradecido” de Lalo lo escuchaba desde afuera. Con culpa… sí. Pero no había muchas opciones. Porque si no lo anexaba él, los del barrio lo iban a hacer a su manera.
“Tu jefe ya robó a varios. A tres vecinos, y hasta la tienda de la esquina. Y aparte, no se queda callado el muy vergas, a todos les anda mentando la madre. No le hemos hecho nada porque tú eres compa, Lalo, pero ya estuvo. O lo apaciguas o lo apaciguamos nosotros.”
A Lalo no le quedó de otra. Antes de que los muchachos se le adelantaran, le tocó hacerlo él. Sabía que tenían razón, y se merecía el anexo: “muy cholo, muy don vergas, pero pinche viejillo cagado. Nomás buscando grilla y sin que nadie le haga nada”.
Entre los gritos de Beto, Lalo pidió que le quitaran la cartera. Aunque, conociendo a la gente del anexo, les dijo que podían quedarse con el dinero, pero que le entregaran su identificación, su tarjeta del Bienestar y su green card. Porque muy jodido, muy ratero… pero muy gringo y con pensión.
Lalo pensaba en los momentos previos en que le dijo a su padre que iban a ver un perro, uno bueno, uno de pelea, porque nada como algún asunto medio criminalístico para convencerlo de que lo acompañara y podérselo llevar. Y funcionó. Se fue sin preguntar mucho. Al llegar al anexo, que era de esas casas tipo AA… le dijo que entrara primero, y fue ahí donde lo agarraron… y todavía un rato siguió escuchando sus gritos y súplicas de que lo sacara de ahí. Pero una vez conseguidos los documentos, y antes de arrepentirse, se largó del lugar.
Al menos Don vergas ya estaba más seguro ahí. Y los vecinos también. Ya nadie tenía que aguantar sus insultos, ni andar cuidando sus pertenencias.
Pasado el tiempo, a Lalo le empezó a parecer buena idea sacarlo de ahí. Como que ya había aprendido. Pero Beto no. Beto seguía sentido. Así que mejor se fue al chuco. Donde ahora vive en un albergue: con techo, comida, servicio tipo hotel… y sin trabajar. Punto para el albergue.
Su pensión gringa y la del Bienestar, que podría invertir en un depa, están destinadas a una mujer que, en palabras de Lalo: “pinche vieja lo tiene enamorado, tanto que le pone unos putazos y mi papá se deja… ni de pedo se la hace”. Obvio no es la madre de Lalo… es la madrina. Mamadrina, diría él.
Y así, sin hacer mucho ruido, el mismo que no se podía controlar en el barrio, encontró cómo vivir sin que nadie lo moleste.
…
Ni Diógenes.

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