Amante de la mala vida. Pude haber elegido ser otra; pero esta que hoy soy, es mi mejor versión... He aquí mi vertedero de basura mental.
jueves, 26 de noviembre de 2020
Viajes literarios
viernes, 18 de septiembre de 2020
¡TENEMOS UN 3312!
La otra vez fui a Smart, con mi tapabocas y desinfectada. A diferencia de otros súperes, en este, había un termómetro pegado en una de las puertas. Toda pretenciosa, queria mostrar mi "indiscutible" educación sobre el tema de que los rayos infrarrojos del termómetro NO te leen la mente, asi que con seguridad acerque mi frente para la toma de lectura. Una alarma se activó ya que el dispositivo marcaba 37.7 de temperatura. Detuve el tráfico de gente, la alarma duro como 3 minutos, que para mí fue como una hora, y se puso en evidencia que estaba bien infectada del coronabicho. Le explique al guardia que quizá era porque mi carro estaba muy caliente, aun asi, acepte el no poder entrar al establecimiento. Pero luego me dice -intentélo otra vez, es que se toma del brazo- y pues ya, al tomar de nuevo la lectura en otra área de mi cuerpo, mi temperatura fue de 34 grados y asi pude ingresar. Ahora tenía hipotermia, nada importante comparado con el COVID... y bueno, con la evidente falta de calibración del termómetro.
martes, 25 de agosto de 2020
Perdido y encontrado
Culpo al sobrecargo de quitarme la bolsa y meterla a los compartimientos donde yo sabía que la iba olvidar. Y esa es la razón por la que corro por la terminal buscando la oficina de reclamaciones de equipaje. No es la primera vez que se presenta esta situación; audífonos olvidados en hoteles, suéteres adornando sillas de restaurantes, generosas propinas con todo y cartera para taxistas, y un sinfín de artículos que ahora tienen otro dueño. En estos momentos, mi bolsa está a punto despegar y tengo que parar ese avión para recuperarla antes de tomar el siguiente vuelo.
Al fin he llegado a la oficina. Trato de recuperar el aliento. Cansada y con dificultad para hablar exijo que me atiendan. Describo detalladamente mi objeto perdido. Busco mi celular en mi bolsa, y me doy cuenta. La bolsa siempre ha estado conmigo. El señor de la oficina la observa y suelta su más fuerte carcajada. Se siente casi cruel, pero lo he comprendido: no solo pierdo cosas, también a veces pierdo la dignidad.
martes, 18 de agosto de 2020
Melomanía Crónica
El evento musical fue interrumpido varias veces durante el día: al subir al auto para ir con el dentista, al tratar de emparejar mi celular con el estéreo del auto para seguir con el ritmo de mi aflicción, al tener que contestar las preguntas de todos aquellos que no estaban invitados a mi festival personal de amargura. Quizá, el único invitado que tuve fue el dentista que durante la cita me ofreció poner mi música en su consultorio ¿Cómo podía decir que no?. En realidad es que todos hubieran estado invitados si se limitaran a solo escuchar y apreciar mi buen gusto.
Ya entrada la noche, en la casa de mis padres, me adueñe de su equipo de sonido. Seguía con la piel erizada provocada por los sonidos, las voces y las letras. Una vez más, el festival fue interrumpido al escuchar hablar a los no invitados. Tenían las voces de mi madre y mi esposo.
- Nomás vino a escuchar música su música deprimente. ¿Nos va hablar?
- Lo dudo. Lleva todo el día así, y ayer fue de reggaetón. ¿mañana?… no sé, tal vez se ponga el día punk.
martes, 11 de agosto de 2020
Ansiedad telefónica
Toda tranquilidad desapareció al escuchar la vibración que anunciaba la llegada de un mensaje. Avisaba el final de un día sereno. El mundo se detuvo y su corazón también. Antes de revisar ya sabia quien se comunicaba. Sintió una nausea que reventó en su garganta en forma de acido gástrico. Llego hasta la mesa donde se encontraba su celular. Se dio cuenta. Su error. No era él. No era una persona. Ni siquiera era un mensaje. Era el aviso de batería baja de un dispositivo al que ahora estaba encadenada. En su lugar, encontró solo decepción. Lo que realmente notificaba era la continuidad de incesantes y tortuosos días de inútil espera. Esclavizada y esperanzada.
viernes, 24 de julio de 2020
En un mundo heteropatriarcal y blanco...
sábado, 20 de junio de 2020
100 dias exactamente iguales, 27 diferentes atributos... y solo 7 te gustan.
100 días de no haber perdido nada (solo la cordura), de pensamientos mundanos, de negación, de "y ahora que hago?", de “al menos la casa está limpia y ordenada”, de odio desmesurado al coronabicho, de estar hasta la madre con el encierro… hoy se cumplen 100 días de cuarentena.
- Comer como si no hubiera un mañana (pero mejore mis pobres habilidades culinarias)
- Odiar de sobremanera el PUTO encierro! (pero sigo respetando la cuarentena)
- Envidiar a los despreciables ciudadanos que siguen con su vida normal, y a todos mis conocidos, amigos o familiares que SI estan ocupados todo el tiempo. (pero al menos tuve el tiempo para reírme con mis podcast favoritos)
- Comprar idioteces por internet porque estoy aburrida y TODO lo quiero.
- Pensar más que trabajar, ejercitarme, cocinar, limpiar, moverme… (pero eficazmente dejar de pensar para dormir como bebe)
- Sentirme como la señora Fletcher todo el tiempo (lust for life!)
- Mirar a todos desde arriba porque TODOS tienen pésimos gustos musicales (Bueno, eso siempre)
