lunes, 29 de junio de 2026

El castigo mas cruel

Se me ocurrió que, si se desease reducir a una persona a la nada, castigarle de manera absolutamente atroz, machacarle de tal forma que hasta el asesino más endurecido temblase de miedo ante la mera perspectiva, bastaría con dejarle muy claro que el trabajo que se le fuerza a realizar una y otra vez es inútil hasta el absurdo. Los trabajos forzados, tal y como se llevan a cabo en la actualidad, no suelen tener interés alguno para el convicto, pero al menos son útiles: hacer ladrillos, cavar zanjas, construir, etc.; todas estas ocupaciones tienen un significado y un propósito, e incluso hay veces en las que el prisioneronero se interesa por lo que hace y se esfuerza por mejorar su habilidad. Sin embargo, si se le obligase a verter agua o arena de un recipiente a otro una y otra vez, o a mover un montón de tierra de un sitio a otro sin parar, estoy convencido de que al cabo de pocos días el prisionero optaría por colgarse o por cometer mil crímenes castigados con pena capital, prefiriendo morir antes que seguir sufriendo semejante humillación, vergüenza y tortura.

Fiódor Dostoyevski, Memorias de la casa muerta

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