sábado, 13 de junio de 2026

Otra vez no hay duda


En junio de 2009 vi por primera vez a No Doubt. Diecisiete años después, los vuelvo a ver, y Gwen sigue igual de preciosa.


Hasta aquel primer concierto hice un post donde escribí que me hubiera encantado escuchar las canciones antiguas en vivo, y ahora, en este 2026, por fin pude escucharlas. Y aunque definitivamente esta vez fue más cansado verlos, la experiencia mejoró por mucho.

Un tour del recuerdo. La banda de Anaheim que se formó en 1987, en Las Vegas, en mi cumpleaños 42, con mis mejores amigos.

Con toda esa nostalgia noventera, volví a estar en la secundaria, viendo MTV en casa de mis amigos, viendo el video de Don't Speak y ese legendario vestido azul de Gwen.

De esos momentos en los que uno se siente agradecido de que la música siga presente como parte de la vida. Y con esas ganas imposibles de no haber escuchado nunca esa canción, solo para volver a escucharla por primera vez. De no haber visto ese video, para volver a enamorarme de Gwen otra vez.

martes, 5 de mayo de 2026

Talón de Aquiles

Me aferro a todo lo que puedo para intentar sostenerme, como si estuviera construyendo una muleta con pedazos de otras cosas. Porque la verdad es que ya no sé cómo estar de pie por mí misma.
Y todos tenemos una parte débil, una herida, algo que creemos que podemos dejar para después. Pensamos que todavía hay tiempo para arreglarlo. Y sí, al principio parece que lo hay. Pero la vida no se detiene. Poco a poco te va desgastando. Entonces empiezas a justificarte: ‘No estoy tan mal’, ‘después lo voy a resolver’, ‘cuando tenga el trabajo’, ‘cuando consiga el ascenso’, ‘cuando pague mis deudas’. Pero siempre aparece una nueva meta, una nueva presión, una nueva excusa.
Y sin darte cuenta, empiezas a relacionarte con los demás desde la necesidad o la conveniencia: ‘Si hago esto por alguien, tal vez después me ayude’. No porque quieras ser así, sino porque sientes que es la única manera de sobrevivir. Pero llega un momento en que por fin intentas respirar, detenerte y sostenerte por ti misma… y esa parte débil ya no aguanta. Se rompe. Caes. Y en la caída te aferras a todos los que tienes cerca.
Pero para entonces, quizá ya dejaste que ese patrón te consumiera. Lo que antes era solo un pensamiento pasajero se volvió tu forma de vivir

sábado, 21 de marzo de 2026

Los comunistas

“Don’t you wish you never met her?”

Tenía 14 años cuando me uní a los comunistas. Al principio, cuando llegó mi carta de bienvenida, me emocioné. Era el comienzo de una vida distinta, una transformación. No sabía bien qué me esperaba, pero tampoco había demasiados comentarios al respecto. Ahora que lo pienso, no había comentarios en general: ser parte del ejército rojo era algo secreto, y ni entre los propios miembros se hablaba del tema, salvo en casos de emergencia.
Pronto descubrí que esas misiones mensuales eran, y siguen siendo, realmente difíciles: casi siempre incómodas, muchas veces dolorosas. Es difícil guardar el secreto del comunismo y al mismo tiempo llevar una vida normal, sobre todo cuando el rojo aparece sin aviso, atraviesa tu ropa y se delata frente a los demás, especialmente frente a quienes no están afiliados al partido.
Entonces llega el rechazo, la incomodidad ajena, las burlas. Y eso sin contar atrocidades aún peores en lugares donde el comunismo es prácticamente ilegal. En lo personal, suelo cuestionar con fuerza al partido, pero una vez que naces dentro de él no puedes renunciar; solo te queda esperar la jubilación, cuando por fin seas libre de envejecer sin ideologías impuestas.
Esta misión, la de este mes y la pasada, ha sido especialmente dura. Ha interrumpido mi vida normal, y ha sido difícil ocultar mi afiliación al partido, aunque el mundo a mi alrededor intuya de qué se trata. Quizá no quieran saber de estas misiones. Tal vez quienes no son miembros prefieren dar la espalda al hecho de que los comunistas resistimos más de lo que aparentamos.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Beto anexado

Más vale cholo que mal acompañado

Don Beto… y eso ya es mucho respeto llamarlo así… se echó una gritadera que se escuchaba hasta afuera del anexo: “¡Lalo! ¡Me están dando un baje! ¡Me quieren volar la cartera! ¡Hazme paro, malagradecido! ¿Por qué no me ayudas, cabrón?”

Y el “malagradecido” de Lalo lo escuchaba desde afuera. Con culpa… sí. Pero no había muchas opciones. Porque si no lo anexaba él, los del barrio lo iban a hacer a su manera.
“Tu jefe ya robó a varios. A tres vecinos, y hasta la tienda de la esquina. Y aparte, no se queda callado el muy vergas, a todos les anda mentando la madre. No le hemos hecho nada porque tú eres compa, Lalo, pero ya estuvo. O lo apaciguas o lo apaciguamos nosotros.”

A Lalo no le quedó de otra. Antes de que los muchachos se le adelantaran, le tocó hacerlo él. Sabía que tenían razón, y se merecía el anexo: “muy cholo, muy verguero, pero pinche viejillo cagado. Nomás buscando grilla y sin que nadie le haga nada”.

Entre los gritos de Beto, Lalo pidió que le quitaran la cartera. Aunque, conociendo a la gente del anexo, les dijo que podían quedarse con el dinero, pero que le entregaran su identificación, su tarjeta del Bienestar y su green card. Porque muy jodido, muy ratero… pero muy gringo y con pensión.

Lalo pensaba en los momentos previos en que le dijo a su padre que iban a ver un perro, uno bueno, uno de pelea, porque nada como algún asunto medio criminalístico para convencerlo de que lo acompañara y podérselo llevar. Y funcionó. Se fue sin preguntar mucho. Al llegar al anexo, que era de esas casas tipo AA… le dijo que entrara primero, y fue ahí donde lo agarraron… y todavía un rato siguió escuchando sus gritos y súplicas de que lo sacara de ahí. Pero una vez conseguidos los documentos, y antes de arrepentirse, se largó del lugar.

Al menos Don vergas ya estaba más seguro ahí. Y los vecinos también. Ya nadie tenía que aguantar sus insultos, ni andar cuidando sus pertenencias.

Pasado el tiempo, a Lalo le empezó a parecer buena idea sacarlo de ahí. Como que ya había aprendido. Pero Beto no. Beto seguía sentido. Así que mejor se fue al chuco. Donde ahora vive en un albergue: con techo, comida, servicio tipo hotel… y sin trabajar. Punto para el albergue.

Su pensión gringa y la del Bienestar, que podría invertir en un depa, están destinadas a una mujer que, en palabras de Lalo: “pinche vieja lo tiene enamorado, tanto que le pone unos putazos y mi papá se deja… ni de pedo se la hace”. Obvio no es la madre de Lalo… es la madrina. Mamadrina, diría él.

Y así, sin hacer mucho ruido, el mismo que no se podía controlar en el barrio, encontró cómo vivir sin que nadie lo moleste.
Ni Diógenes.

miércoles, 4 de marzo de 2026

The kids are right


"I wish that I could be like the cool kids"

Estos son unos primos que, en realidad, eran como mis hermanos. En aquellos años en que yo no tenía hermanos, ellos ocuparon ese lugar en mi vida. Éramos muy unidos. Compartíamos juegos, bromas y platicabamos sobre cualquier cosa. Eran los mejores primos que podría tener.
Con el tiempo cambié de ciudad, pero seguíamos viéndonos en los veranos y a veces ellos también nos visitaban. Esos encuentros eran especiales, como si el tiempo no hubiera pasado. Crecimos y todavía compartimos parte de nuestra adolescencia.
Pero luego llegaron los amores, las nuevas etapas, y poco a poco nos fuimos distanciando. Sin darnos cuenta, empezamos a restarle importancia a esa relación que antes era tan genial, y ya nada volvió a ser igual.
A veces los extraño. Extraño hablar de cualquier cosa, las bromas, las ocurrencias, esa complicidad tan simple que teníamos. Extraño ser especial para ellos, y ellos para mi.
Y aunque sé que las personas cambian y que la vida nos lleva por caminos distintos, a veces también extraño volver a ser un poco niña… y regresar, aunque sea por un momento, a esos tiempos en los que éramos como hermanos.

viernes, 13 de febrero de 2026

Ximena


Estos días han sido de funerales, y cuando eso pasa, las familias enteras se reúnen, y eso es bonito, y esta bien. Entre lo desafortunado qué es perder a un ser querido, en estos eventos aparecen nuevas personas. Para mi fue conocer otra vez a Ximena. Esta vez ya era una niña de 8 años. Y cuando nos vimos hicimos clic. Entre tanto adulto hablando, rosarios y festines infinitos de comida, yo me fui a jugar con ella. Le dije que soy su prima, que estoy tan vieja que tengo mas de 40 años, pero que todavía me da miedo la oscuridad. 
El segundo día del evento fúnebre la volví a ver. Otra vez platicamos, contamos chistes y jugamos, pero había cierta incomodidad alrededor... como si pensaran que yo estaba a fuerzas con ella, porque sus padres no le prestaban atención. Después una prima asumió que yo la estaba pasando tan mal con Ximena que necesitaba urgentemente un rescate y a pesar de que les dije que no, que si la estaba pasando bien, de lejos ella y otra prima cuchicheaban sobre la situación, les parecía muy gracioso que yo no pudiera "deshacerme" de ella. PERO NO ESTABA PIDIENDO RESCATE.
Se acercó mi prima, como una salvadora, y me dijo: es tan chistoso que decidiste no tener hijos para no tener que lidiar con niños, y ahora tienes que aguantar a Ximena. Su siguiente acción fue ir con mi tío, el papá de Ximena, para que hiciera algo al respecto. Y habló por mi. Le dijo a la niña que ya me dejara en paz, que yo no quería estar con ella, que me estaba invadiendo. Ella me vio con su corazoncito roto y se despidió de mi. Inmediatamente la volví a llamar. Le dije que su papá no tenía razón, que yo estaba a gusto con ella. Me abrazo y lloro.
Después volvimos a jugar porque eso hacen los niños, tienen el corazón abierto para perdonar rápidamente. 
Es raro pensar que una decisión tan personal como la de no ser madre, se confunda con antipatía, como si los niños y la familias me incomodaran y que no maternar significará no saber cuidar.
Y es cierto que no soy "we are the World, we are the children" no me derrito por todos los niños, pero definitivamente no es la razón por la cual no tengo hijos, es mas complejo que eso.
Quizá me lo tome muy personal pero realmente dolió, me dolió lo que sintió Ximena y que un adulto le explicara algo que no es verdad, desde una idea de mi y no desde la realidad. Y que la hieran, y que la hicieran llorar.
Decidí quedarme con ella y ojalá recuerde que no todos los adultos tenemos el mundo cerrado para ella. Que podemos escucharla, convivir y acompañarnos bien. Eso debe ser suficiente. 

jueves, 29 de enero de 2026

Reik se oye tan bien

Y ya no quiero dejarla escapar
Si es que la puedo volver a encontrar
No quiero perderla, porque solo es ella
Inolvidable para mi corazón ❤️

Nadie me va a funar porque nadie me lee, así que puedo expresar lo que quiera, incluso aquello incorrecto y que quizá en algunos años sea insostenible, como el tema del alcohol.
Pero estoy aquí, en el aeropuerto, esperando mi vuelo, un poco tropical después de dos cervezas, y he llegado al estado ideal: ese que me mantiene segura, confiada y en una alegría suave y tranquila. Un poco fuera del mundo, sin prisas y con la mente en el presente.
Mis preocupaciones, por el momento, no existen. Incluso si pierdo el avión.
Nunca te satanizaré. No es tu culpa. Mientras mantengamos esos niveles bajos, nos llevamos muy bien y podemos estar juntos toda la vida. Gracias por embriagarme un poco y hacer todo más fácil. Gracias por esos breves momentos de paz.
Todo se ve mejor. Toda la música se oye mejor… aunque sea una canción toda choteada de Reik. Todo se siente good and green, diría Jamiroquai.
Right now, I’m the Space Cowgirl. 

martes, 27 de enero de 2026

Epica sobremesa

Vine a comer y estoy rodeada del tipo de personas que más detesto en el mundo: hombres medianamente importantes. Esos que se sientan con las piernas muy abiertas, que piden su orden sin mirar a los ojos al mesero, como si estuvieran interrumpiendo un asunto de gran relevancia.
Hombres con una seguridad en sí mismos gigantesca, que piensan que todo el vómito verbal que escupen merece ser escuchado y ovacionado. Escucho la conversación y saltan frases como: “es que para mí está claro: aporta o aparta”, “en el campo de batalla no te puedes parar a pensar”, “no debes mostrar miedo”…
No sé de dónde sale toda esa competitividad, eso de dividir al mundo entre ganadores y perdedores. Luego se ven a sí mismos como guerreros, tienen el poder de separarse y no ver al hombrecito que son y al hombre que creen ser. Son capaces de engañarse a sí mismos, pero lo peor es que consiguen que el sistema sostenga este engaño. Nadie nunca les contradice, nadie los calla. Nadie les dice que todas esas frasesillas baratas de autoayuda son una estupidez. Hasta dan ganas de preguntarles: ¿y ustedes qué son? ¿Gladiadores, vikingos, corsarios, conquistadores, hombres o payasos?

sábado, 27 de diciembre de 2025

Comodidad sospechosa

Chio gone wild!

No es buena idea mezclar una blusa strapless y alcohol.
No sé cuánto tiempo llevaba con la blusa abajo y yo platicando campantemente, sintiéndome demasiado cómoda… tan cómoda que hasta se sentía raro.
Y sí: la comodidad era porque mis chichis estaban al aire.
Me la subí inmediatamente y, oficialmente, solo mi esposo pudo verlas (espero…).
Eso sí: no me advirtió.
Solo vi esas miradas raras y mi cara automática de “aquí no pasó nada”.
Pero sí pasó. Pasó que no hay suficiente volumen para sostener esa blusa, y menos cuando decides no usar brasier.
¿Y cómo se podría terminar el año sin una aventura más de #SinSuerteChío, verdad?
Después de eso: blackout.
Borrachera.
Dignidad cuestionable.
Fin.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Yo no firme un contrato de felicidad perpetúa.

"¿Y dónde quedó ese botón que lleva a la felicidad? Luna de miel, rosa pastel, clichés y tonterías"

Platicaba con una de esas personas que acaban de egresar de la escuela, de esas que apuntan todo en una libretita para que nada se les olvide, porque todo lo quieren hacer muy bien. Luego me empiezo a aburrir de todo lo que me está diciendo… que está aprendiendo mucho, que le gusta muchísimo su trabajo, que a veces le toca quedarse trabajando hasta 10, 12… 40 horas extras diarias. Seguro jamás se ha planteado la pérdida de tiempo y energía que implica eso.
Lo peor es que me dice que disfruta sus días de oficina, la cultura de la empresa, los afterwork con los compañeros. No, no, no… lo peor es que ya hizo propia esa idea de “encuentra un trabajo que ames y nunca tendrás que trabajar en tu vida” (solo tendrás que vivir ahí).
Y es ahí cuando empiezo a visualizar su futuro.
Se va a casar, tendrá hijos, se va a comprar una casita a las afueras de la ciudad, en una zona “residencial”, con casa club. Algún fin de semana organizará una cena en su casa; irán sus amigos, que también tienen hijos y viven en estos fraccionamientos residenciales con casa club, quizá hasta vivan en el mismo lote.
Se va a sentir muy especial porque tiene el trabajo y la vida de sus sueños, esa vida en la que es inmensamente feliz. Y eso me provoca sentimientos encontrados: pena, una punzada de envidia… y unas ganas de meterle un chingazo.
También fui recién egresada. Y también vivo la vida “perfecta”: el residencial con alberca que nadie usa, un asador que se prende dos veces al año y una deuda a 20 años a la que le dicen “patrimonio”. Ah, y claro, la cena donde todos decimos “hay que vernos más seguido” sabiendo perfectamente que no va a pasar.
El trabajo y la vida perfecta no nos hacen felices: nos vuelven IN MA MA BLES.

martes, 2 de diciembre de 2025

Atrapados en Miguel Aleman

Todos los claxons estan diciendo ¡apúrale, muévete! Y sin embargo, todos estamos atrapados en el mismo lugar, todos con el mismo deseo de avanzar pero incapaces de hacerlo, porque nadie en su sano juicio puede pensar que de verdad su pitido sera el que cambie las cosas y consiga por fin avanzar y acabar con el tráfico. Ese pitido es el síntoma de que negamos nuestras limitaciones. Es un sonido de ira por el hecho de que quien pita no puedo obligar al mundo a que se mueva tan rápido como le gustaría. 

lunes, 1 de diciembre de 2025

Chio against the machine

“Fuck you! I won’t do what you tell me.
Madafakaaaaaaaaaaaa!”

Moría de hambre, así que fui feliz al ver la máquina expendedora. Luego un poco menos feliz cuando vi que tenía casi nada: como seis productos diferentes, pero entre lo rescatable unos Doritos. Ya tenía mis monedas y billetes listos… pero las monedas no las aceptaba y los billetes, a menos que estuvieran perfectos, tampoco. Me dejó con una sola opción.

Afortunadamente, pensé, la “moderna” máquina acepta tarjetas de credito, débito, Apple Pay, NFC, QR codi, criptomonedas, retina scan, hasta la pulsera del festival del año pasado con saldo olvidado, entre otros.
Y fracasé.
Peleé unos 5 minutos con ella.

“¿Cómo es posible si la chica antes de mí sí sacó su snack?”
Lo peor: la estúpida máquina me hablaba en voz alta, frente a todos.

“Intente otra vez. No se realizó el cobro.”
Repitió en cada intento.

A lado mío, unos viejitos batallando con un celular que no dejaba de sonar, sin saber cómo contestarlo. El ringtone de Telcel a todo volumen "la maravilla de esa boca..." una y otra vez, el Uber preguntándoles su ubicación y ellos los más perdidos… se entiende, son viejitos.
Pero ¿esta humillación para mí? Yo, tan joven, tan millennial. Tan supuestamente tecnológica.

Obvio pude ir al Oxxo, pero eso habría confirmado mi derrota y no quería la doble humillación. Con hambre pero muy digna!

Testify, vending machine. Testify.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Mr Don Sheva

Tener un perro viejito es darnos cuenta de nuestra finitud, de que no son los años que acumulamos, sino momentos.
A Sheva le dolían sus huesitos y en sus últimos dias se volvía cada vez una responsabilidad mayor, a lo que tuvimos que ajustar nuestra vida alrededor de sus necesidades. 
Y yo que siempre he huido de las responsabilidades veo que tenía que aplazar cosas, nada de salidas improvisadas, cambiar planes, y no voy a mentir, cuesta abrazar esa etapa, porque aunque Sheva llenaba de amor, también nos limitaba, nos daba ternura, pero nos obligaba a frenar, nos daba su compañía pero nos recordaba que pronto se iría. 
Con el tiempo acepte esa realidad, hoy es realidad. Y esta bien, estuvo bien que mi vida estuvo anclada a él, que su amor me hizo hacer una pausa y que implicara cambiar mi normal vida diaria, porque al final Sheva viejito me enseñó que el presente es lo único que podemos habitar. Y en este presente ya no esta y me debo adaptar una vez mas.

martes, 11 de noviembre de 2025

Una distancia prudente

 Contigo a la distancia, amado mio, estoy.

Pienso en ti a todo momento. Me pregunto qué programa de TV estarás viendo mientras yo hago lo mismo. Me imagino nuestras interesantísimas pláticas cuando por fin nos veamos, todo gracias a este tiempo que hemos pasado lejos.

Me gustas así, con esta distancia prudente: dejando espacio para crear emoción y tensión, pero lo suficientemente lejos para no decepcionarnos, ni cansarnos, ni volvernos parte de una rutina.

Me ilusionan las horas de trabajo, los viajes, las pausas; todo lo que me acerca a ti sin romper la fantasía. Me das suficiente motivo para salir de casa o arreglarme un poco mas.

Y aun con esa distancia, sé que cuando nos necesitemos, sabremos estar cerca.

Nuestra relación, la que sea, contigo, con ellos, con todos, es perfecta a esta distancia. No la malgastemos intentando convertirla en costumbre.
Mejor sigamos siendo el verso de aquella canción que no podemos recordar.

La emoción no está en tenerte cerca, sino en imaginar que pronto volveré a verte.

Esa persona eres tu, y tu,y tu, y todas esas que he querido sin poseer.

lunes, 10 de noviembre de 2025

Ocupadamente vacía

Saludar al vecino, acostarse a una hora. Trabajar cada día, para vivir en la vida. Y contestar solo aquello y sentir solo esto. Y que Dios nos ampare de malos pensamientos...

Durante mi vida laboral siempre he tratado de ganar, y de ganar más dinero. Escalando la montaña, cual Sísifo, cuando creo haber alcanzado mi tranquilidad y satisfecho todas mis necesidades, aparecen otras nuevas y descubro otros estilos de vida a los cuales aspirar. Y, como Sísifo, vuelvo a estar a faldas de la montaña, porque resulta que no pude tener más que mi vecino. Justo cuando estaba a punto de alcanzarlo, apareció otro, uno distinto, más exitoso, más productivo, y ya estoy intentando ponerme a su nivel.
¿Y cómo lo lograré? Pues trabajando más, obviamente. Estando ocupada todo el tiempo, porque claro: a más ocupación, más prestigio, más estatus.

Lo absurdo es que siempre creí que ser rico significaba no tener que trabajar tanto. Y a veces me pregunto: ¿no habrá algo más en la vida que ganar dinero y gastarlo?

jueves, 25 de septiembre de 2025

Vergüenza Vaginal

Tan misteriosa es la vulva: oculta, escondida de todo el mundo, tan hacia adentro. Es suelo fértil para la más poderosa de todas las emociones… LA VERGÜENZA.

Chio, una señora con altos grados de vergüenza a pesar de sus 40. A su edad ya lo tenía todo: perimenopausia, una serie de fracasos laborales, ansiedad y depresión; una mezcla de baja autoestima e indignación.

Un día llegó el periodo, ese que ya se presentaba cuando se le daba la gana, y también la picazón… y el chuchi se sentía irritado, inflamado y dijo: “Hazme un favor: ráscame como boleto de lotería y te haré sentir que ganas un millón de dólares. Si pudieras agacharte y sacarme los ojos, te lo agradecería mucho…” Se asustó la Chio, pero decidió no buscar por internet porque las razones podían ser muchas ETS y muchos cánceres. “¿Puedes rascarme hasta arrancarme la piel?” insistía tanto.

La ayuda tenía que llegar ya, y no es como que vas al súper y hay un pasillo para vulvas… bueno, sí: la higiene femenina, con mil productos para que el chuchi huela a lavanda. “¿Por qué así debe oler, no?” ,“¡No me importa el olor! Solo te diré dos palabras: ¡lijadora industrial! ¡O voy a dispararme en la puta cara!” y la pobre Chio atacó a sus propios genitales trastornados… ¡una vergüenza!

Y ahi estaba, sin amigas para que la ayudaran en su agonía, y para colmo seguía atrapada en síntomas menstruales, como si algo por dentro la estuviera apuñalando.

Apuesto a que creen que con los años se acaba la vergüenza vulvar. ¡Están equivocados! La vergüenza se adapta y se vuelve más fuerte que nunca.

lunes, 1 de septiembre de 2025

La mujer incompleta

"Yo perreo sola"

Mi tía la Cuca fue mi primer ejemplo de lo que significa ser una mujer independiente. Desde niña observaba todos sus movimientos con admiración: cómo manejaba su trocona perrona y viajaba de aquí para allá con toda seguridad, cómo hablaba sin titubeos. Era súper culta y no se le conocía novio alguno (o novia), pero le cantaba al amor con harta pasión.

Y, sin embargo, flotaba sobre ella un aire de lástima. Alguna vez escuché murmullos descalificadores a su alrededor: “pobre, no tiene hijos”, “pobre, está sola”. Como si ella, con todo su intelecto y singularidad, no fuese suficiente.

A mí, la tía Cuca me parecía lo máximo, la mujer más cool del planeta. No entendía por qué los demás hablaban de ella en esos términos. ¿Por qué querían despojarla de su plenitud solo porque no había seguido el guion preestablecido? Su vida, para mí, era una celebración de la autonomía. No entendía por qué la gente la veía como inadecuada.

Y es que se nos enseña desde muy pequeñas que no estamos completas y que necesitamos de un otro. Que somos el complemento de una ecuación ajena donde primero somos la hija de, luego la novia o esposa de, y después la madre de.

Pero ella me enseñó siempre a buscar algo más que un hombre con el que mi nombre sonara bien junto a su apellido —diría la Karol G, como si fuera una victoria—. Me enseñó que todo debe ser cuestionado y que, siendo tan independiente como ella lo fue, con dinero, con trabajo, yo iba a tener opciones. Y que una mujer con opciones tiene poder.

lunes, 25 de agosto de 2025

Patrimonio

Del patrimonio, no se habla. Porque el matrimonio asegura dependencia, pero el patrimonio permite tener opciones. Y si hay algo que siempre se evitó, es que las mujeres tengamos opciones. No vaya a ser que empecemos a usarlas.

Nos hicieron creer que “ser fuertes” era resistir y ponerle el pecho a todo, pero la verdadera fuerza es poder contar con recursos que respalden nuestras decisiones de vida. Tener patrimonio es poder irte. Decidir tus sí y tus no.

#AmigaHablemosDePlata

jueves, 14 de agosto de 2025

Blue rare

"Food is sex" 🔥 

Era una invitación a un festin en la azotea de un edificio viejo de la ciudad. Prometía “una noche para dejarse llevar” y pedía un código de vestimenta sugerente. Por pura curiosidad, había que entrar y pedir una mesa.

La iluminación roja (asi como de congal) alumbraba un espacio lleno de sillones, y a unas veinte personas con cara de “yo ya sé a lo que vine”. La música, las animadoras y el ambiente reforzaban esa sensación: la carne fresca era exhibida ante los comensales que no disimulaban hambre y deseo.

En otra habitación con luces de neón, las pasiones se desbordaban. No había nada que cocinar a fuego lento: allí todo se servía y se devoraba crudo y sin marinar. En el buffet de gritos y gemidos, todo lo que podía ser un manjar delicioso se fue quedando sin sabor. Cruzar el umbral de ese espacio que parecía arder en llamas hizo que, en cambio, se sintiera el frío de la ciudad colarse por la ventana y dejar el plato frio también. Curioso, ¿no? No debería causar el efecto contrario?

El dejarse llevar solo sirvió de acelerador etílico para forzar la sobremesa hasta perderse en un blackout. O sea, como en una fiesta normal... que terminó con la importante lección: lo que se sirve sin tiempo pierde su sabor, ¿no sería mejor prender el carbón, sazonar y que las emociones se cuezan en ese fuego lento? 

Estamos hablando de una carnita asada ¿verdad? Pq #norteños 

domingo, 27 de julio de 2025

Las más jodidas

"What a shame, what a shame to judge a life that you can't change."

Una vez, cuando tenía 11 años, estábamos en clase y la maestra me pidió a mí y a otras dos niñas que saliéramos del salón. Obviamente, estábamos confundidas y preguntábamos por qué, pero la maestra solo sonreía y nos pedía salir como parte de una actividad.
Ya fuera del salón, seguimos cuestionando por qué solo a nosotras. No veíamos tener algo diferente a los demás, ni algo en común entre nosotras.
Cuando finalmente regresamos al salón, la clase siguió como siempre, pero en nosotras seguía la duda. Incluso notábamos cierta complicidad en las miradas de nuestros compañeros. No pasaron días; fue ese mismo día, en una oportunidad, que el niño más chismoso del salón reveló la verdad del porqué nos habían sacado de clase:
—"Las sacó del salón porque son las más jodidas, y está pidiendo una cooperación entre todos para pagar su graduación" —lo dijo en tono burlón, incluso se rió.

Y creo que fue el único al que le pareció chistoso. Los demás se veían incómodos y nos miraban con condescendencia.
Yo sentí mucha vergüenza. Mis compañeras también. Me sentí fuera del grupo, como si todos vieran algo tan evidente y nosotras, tontas, jamás lo hubiéramos notado.

Lo primero que pensé fue: ¿las más jodidas? ¡¿Pero si fulanito está peor que yo?! ¿Y menganita?
Es lo que pasa cuando te ponen en ese lugar. Te pones a la defensiva. Porque nadie quiere ser “el que menos tiene”. Nadie quiere ser el que necesita lástima.

La maestra se enteró de que el niño lo había contado —porque se suponía que iba a ser una “agradable sorpresa”—, se enojó con él y nosotras aprovechamos para decirle lo mal que nos sentíamos al respecto, que no queríamos esa ayuda. Que no la necesitábamos.
Y se canceló todo.

Lo que no se canceló fue la vergüenza de habernos señalado como las más pobres.
Hoy en día ya no la siento. Por eso puedo contar la historia.
Vergüenza debería sentir la maestra que, aunque quizá tuvo buena intención, no supo cómo hacerlo.

Nunca se lo conté a mis papás. Me daba hasta pena decirles, y que fueran a hacer un escándalo… de por sí, el chisme ya se había corrido hasta el salón de sexto B.

Años después, pienso que la experiencia fue profundamente clasista. Fue, sin duda, violenta.
Fue que te miren diferente y te separen del resto: estaban ellos, y estábamos nosotras.

El problema no fue solo aquella cooperación. El problema es que, a diario, en mil formas más sutiles, se sigue haciendo lo mismo:

Ofrecer desde arriba.
Decidir quién “merece”.
Señalar sin saber.
Dar sin escuchar.
Dibujar una línea entre “ellos” y “nosotros” por su falta económica.

No basta con tener empatía.
Hace falta revisarnos. Una y otra vez.

Reconocer que todos —sí, todos— tenemos gestos clasistas, aunque no lo queramos ver.
Y sí, ese niño que lo dijo también estaba replicando lo que escucha en su casa, en la televisión o en la calle. Porque el clasismo no es un acto aislado.
Es un sistema de ideas que se repite sin cuestionarse, incluso desde la infancia.

Es urgente mirarnos y ver qué le estamos enseñando a las nuevas generaciones.

Y que, si realmente queremos ayudar, lo primero es preguntar:
¿Necesitas algo?
¿Cómo puedo acompañarte sin invadirte?
¿Esa ayuda se necesitaba?
¿O solo lo hiciste para sentirte mejor tú?



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