Antes de salir de casa, le preguntaba a su madre porque siendo ella niña nunca le permitía salir sola a la tienda, su madre, con un tono protector, le contesto que porque habían muchos perros sueltos en la calle, a lo que Nallely con un aire de confianza se voltea, va hacia la puerta y le dice: "pues para que veas que ya soy grande, me iré caminando, no tiene caso ir en auto si la tienda está a dos cuadras".
Durante el trayecto pensaba que había sido muy buena idea por fin caminar un poco y hacer algo de ejercicio después de los excesos de navideños y antes de las celebraciones de año nuevo. Doblando la esquina, se da cuenta que como dijo su madre, había un perro suelto, pero se veía medianamente tierno, es decir, no era un Doberman o un pitbull, y paso enseguida de él con toda seguridad, hasta que sintió la mordida traicionera en su chamorro izquierdo. El tierno perrito ahora le enseñaba sus dientes y Nallely se quedaba paralizada hasta que el perro sólito se alejó para volver a acostarse en la sombrita donde estaba. Los vecinos, siempre atentos a los dramas locales, dijeron: "¡yo lo vi, vi lo que te hizo!", "no es la primera vez que muerde a alguien", "en esa casa vive la dueña". Y cuando la dueña por fin aparecio dijo despreocupada: "a puro pendejo le muerde mi perro".
Y si, me estuve burlando de Nallely, pero hoy me mordió un perro medianamente tierno.